En este mundo vertiginoso que estamos viviendo, el cambio está de moda. Todos sabemos que las cosas cambian, sin embargo, queremos forzar a vivir en un mundo que podamos predecir y controlar para que tengamos estabilidad.

¿Estabilidad? Cuando haya pasado esta pandemia del Covid-19 muchas partes de nuestra sociedad, la económica y los lugares de trabajo no serán los mismos que tenemos en nuestro recuerdo. Si estabas contento donde trabajabas, tenías una rutina que encajaba con tu estilo de vida, te divertías en los lugares que te gustaban, te juntabas con tus amigos a comer en tus restaurantes favoritos, ¿Crees que todo estará igual que antes?

Un árbol cuando cambia el tiempo, del calor al frío, del viento a la lluvia, ¿tiene dónde arrancar? El árbol continúa de forma natural su ciclo de crecimiento, saca sus hojas en primavera y las deja caer en el invierno y sigue creciendo día a día. Y si observas con detenimiento, cambia día a día conforme a como se adapta a lo que sucede en su entorno. El árbol se dedica a hacer su vida.

Tú me podrás decir, ¿Qué tiene que ver un árbol con un ser humano? Pues bien, simplemente mucho, pues somos, como primera instancia, parte del mismo ecosistema y algo que podamos aprender del árbol es a cómo adaptarnos para crecer. La gran diferencia es que el árbol no piensa y lo hace, nosotros lo pensamos, analizamos, buscamos cómo controlar ese entorno y nos quedamos pegados sin hacer lo que estamos llamados a HACER como parte de este ecosistema: adaptarnos y crecer.

Fíjate en cómo queremos controlar todo, hasta nos enseñan que envejecer es algo malo, como que llegar a viejo es algo indeseable. Tanto es así que nos llenamos de cirugías para eliminar arrugas, ponernos ropas que nos hagan sentir jóvenes, comemos para vernos delgados y convertimos el desarrollo natural del cuerpo en una moda para “creer” que estamos controlando el envejecimiento. Esto es un absurdo. Pero lo justificamos detrás de una pantalla de vivir sanamente para mejorar nuestra calidad de vida, ¿pero es eso tan cierto? Algo de esto puede ser cierto para algunas personas, pero sigue habiendo una gran mayoría que busca solamente controlar y creer que pueden frenar lo que es imposible de revertir.

Nuestro desafío es ver como reconocernos, aceptarnos y desarrollarnos para crecer, haciendo y no pensando en controlar todo para que nuestras vidas sean como un cuento de hadas. Pero cuidado de no caer en la trampa de soñar como un objetivo. Según el árbol, su sueño o misión de vida, es vivir la vida en plenitud con su entorno, sea difícil o fácil el clima. 

Si al igual que el árbol somos capaces de adaptarnos, primero reconociendo quienes somos, luego aceptándonos como somos (únicos), y luego descubriendo cuál es tu misión en este mundo, podremos vivir en plenitud adaptándonos a lo que sucede para vivir felices de forma permanente.

Una persona que no se alimenta de sus sueños envejece pronto – William Shakespeare